5 momentos en los que ‘La maldición de Bly Manor’ nos ha hecho chillar

Aunque La maldición de Bly Manor apuesta por sus personajes y por el miedo que provocan unas almas encerradas en un viejo caserón, lo cierto es que la serie no prescinde de los sustos cuando lo cree necesario y siguen siendo un de los recursos que mejor le funcionan. Aunque reconozco que esta entrega me ha hecho temer menos que la anterior, sigue habiendo momentos de microinfarto y chillido.

Si La maldición de Hill House tuvo el curioso efecto de hacernos desconfiar de cualquier viaje en coche, esta última entrega no se queda atrás. Durante el cuarto episodio Dani está rompiendo su compromiso, y lo cierto es que la escena logra que olvides que se trata de una serie de miedo y te centres en el drama. Se dicen cosas feas y aumenta el momento llanto para una situación que, pensándolo en frío, era hasta previsible. Pero el instante del atropello es tan breve, de esos que escalan rápidamente, y tan repentino que el mejor referente comparativo que se me ocurre es el momento de House of Cards donde descubrimos que la maldad es infinita.

Un segundo, eso es todo lo que se necesita para que el corazón nos dé un vuelco incluso cuando el espectador no ha tenido tiempo de establecer una relación con el personaje, como es el caso del prometido de Dani (Victoria Pedretti). Y este es además uno de esos casos donde hay preaviso; se baja el conductor, vemos su cara con el reflejo de las luces, es el aviso, se trata de la imagen que luego le perseguirá, te das por salvado porque eso ya lo conoces y, entonces, zas. Un golpe.

(Fuente: Netflix)

Y es que sí, La maldición de Bly Manor acaba convirtiéndose en una historia de amores, pero no de los fáciles. Incluso en la historia de Dani y Jamie (Amelia Eve) las cosas pasan por un arranque complicado. Aunque es muy bonito cómo vamos viendo el nacimiento de ese interés, y la atención sobre el personaje de Jamie sufre un cambio muy interesante, la noche en la que se hace evidente su amor es difícil de ver.

Hablo de lo que provoca esa tensión, Dani la besa, se retira, vuelve a acercarse y entonces se lanzan a la pasión, cuando de golpe volvemos a ver esos dos focos que nos dejan clavados en nuestro sitio, para cuando ella da un salto nosotros ya estamos agarrados a quien tengamos al lado.

Toda la escena en donde vemos a la Dama del Lago es incómoda, hay sustos, pero también comenzamos a fijarnos en la coordinación entre Miles (Benjamin Evan Ainsworth) y Peter (Oliver Jackson-Cohen), estamos acercándonos a entender la situación y la señorita Grose (T’Nia Miller) acompaña a la Dama hasta su lugar escondite. Es una escena bastante larga que te ha tendido en tensión y algo en la cabeza dice que se ha acabado; la Dama está en el agua, lo que fuera que tenía que pasar ya está.

Se nos relajan los hombros junto al silencio de la escena, como confiando que ha pasado todo, hasta que se gira y nos encontramos a la señorita Jessel (Tahirah Sharif), aún con la cara bien dibujada, pero evidentemente muerta. Son dos cosas las que sorprenden, evidentemente el acompañamiento instrumental y, bueno, el hecho de que sea un muerto, pero además que no estamos pensando en ella. Toda la escena ha versado sobre otros personajes; no estamos listos para pensar ahora en Jessel.

(Fuente: Netflix)

Esta no es una serie que apueste especialmente por los clifhangers y, cuando lo hace, es de forma estratégica. Dani escapa con Flora (Amelie Bea Smith), hay algo que indica que la pequeña aún puede salvarse y no ser tragada por la muerte que envuelve a la mansión, Dani corre, Flora se resiste y, de nuevo, nuestra atención está completamente centrada en ellas dos, en el llamamiento a Miles, en saber si podrán cruzar el límite de la parcela.

Es un instante el que necesitamos para que la institutriz sea arrastrada por el cuello por la Dama del Lago (Daniela Dib), dejándola en medio de un ahogamiento que no parece que vaya a detener nadie. Por si eso fuera poco, lo que vendrá después serán los créditos del episodio y, tras ellos, un enorme flashback. Cuando recuperemos la situación en el noveno y último episodio volverá a sorprendernos el punto en el que habíamos quedado.

El séptimo episodio es el más redondo de esta temporada. Aunque los nueve capítulos son un relato en off, este tiene mucho más explicitada la forma de cuento. Viene a narrar el origen de esa maldición que llevamos horas viendo y lo hace con mucha maña. Engancha y traslada al espectador un sufrimiento sordo por lo que está viendo, no se trata de ver imágenes macabras, la mezcla entre el drama y la sensación de encierro que hay tras Viola ya son suficientes.

De alguna forma es un descanso en lo que nos estaban contando; tiene toda la relación, pero la cabeza está centrada en ese flashback de las dos hermanas y en un relato sobre todo triste y amargo. Cuando Perdita encuentra las llaves estamos en un terreno conocido, abre el cofre, ve los pétalos y las prendas cuidadosamente guardadas, agarra el vestido y unos brazos aparecen tras él con Viola al otro extremo. Esta no la vi venir, el grito fue a viva voz y ahora que lo vuelvo a ver sigue sorprendiéndome.

‘La maldición de Bly Manor’ está disponible en Netflix.