Actualidad 28 Sep

Desde el INTA destacan los beneficios de transformar la basura en tierra fértil, mientras se conecta con la naturaleza y se reduce el impacto ambiental. Pautas y secretos para comenzar.

El compost es el resultado de la descomposición de los residuos orgánicos. Si compostamos podemos obtener el mejor abono para nuestras plantas y huerta. Al mismo tiempo, vamos a reducir nuestra basura domiciliaria.

En la Argentina, según cifras del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable, cada persona genera por día un kilo y medio de residuos urbanos sólidos, lo que implica 16,5 millones de toneladas de desechos por año, una cifra alarmante. Pero el 49 % de estos residuos son orgánicos y, en consecuencia, compostables. 

Lorena Tanferna –técnica del ProHuerta, un programa del INTA y los Ministerios de Agricultura y de Desarrollo Social de la Nación–explica que la mayoría de lo que se genera en casa es compostable: cáscaras de frutas y verduras crudas; cáscara de huevo; pasto y hojas secas; restos de yerba, café o té; papel y cartón. 

En esta línea, remarcó que hay ciertos elementos que, a pesar de ser orgánicos NO se pueden descomponer en una compostera, como todos los residuos de origen animal: carne, piel o huesos. Tampoco frutas o verduras condimentadas o cosidas, o bien restos de comidas, harinas o panes, excrementos, grasas o aceites, materiales sintéticos o colillas de cigarrillos.

Entre los errores más comunes a la hora de compostar, la especialista del INTA se refirió a colocar la yerba usada y mojada, así como excedernos en la cantidad de restos de naranja o cebolla. “Su acidez perjudica a los microorganismos presentes y acidifica el compost, lo que limita su uso”, explicó.

Otro de los puntos a tener en cuenta, es la ubicación de la compostera. “Es importante que esté en un lugar que reciba muy poco sol y que mantenga su humedad natural”. 

La técnica del ProHuerta asegura que compostar es sencillo y que “no se necesita gran infraestructura ni mucho tiempo”. Explicó que se puede compostar en distintos tipos de recipiente, como cajones de verdura revestido de bolsas vacías de cebolla o calabazas, o bien baldes de pintura en desuso.

Para su armado, recomendó trabajar por capas en iguales proporciones: una de tierra, otra de orgánicos húmedos y, una tercera, de secos. Hay que simular a lo que sucede en la naturaleza”. Es decir, las hojas secas caen a la sombra del árbol, se hace una capa y se humedece en contacto con la tierra. A esto, se le suma una nueva capa de hojas secas y la capa que quedó debajo es la que se va a descomponer.

Matilde Moyano

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