Crítica: ’30 monedas’ 1×08 — ‘Sacrificio’

Y llegó el final… Por ahora. O mejor aún, el primer final de los tres, puesto que al parecer esta será la primera de tres temporadas, que el realizador vasco tiene en mente (si finalmente le dan luz verde al plan). Como cabía esperar, y más con semejante título, Álex de la Iglesia nos lleva a la locura casi absoluta en este octavo episodio. Si bien es cierto que tanto el comienzo como el final del mismo es extenuante, agónico y muy salvaje, la parte intermedia aunque oxigena la narración, resulta un tanto deslavazada, pero qué quieren que les diga: sarna con gusto no pica, que bien pudiera ser un refrán al uso en Pedraza.

El comienzo del episodio nos sobrepasa de entrada. Si bien hubiera podido ser el final, y oigan, que ni pintado, nos lanza a los tres protagonistas contra el monstruo final de pantalla. Amante como es el realizador vasco de Lovecraft (y un servidor), qué mejor bicho que el peor, o al menos el más inteligente, de los primigenios de los Mitos de Cthulhu, Nyarlathotep (o un trasunto de él) representando al Mal, sea Satán o como deseen bautizarlo. La escena del combate inicial es propia de un videojuego, o de una partida de rol, donde por muchas armas que tengas, sabes que no puedes vencer. Y el reflejo del propio Vergara en las entrañas del monstruo resulta significativo para la intencionalidad de la historia. Visto el panorama, sólo les resta huir y esconderse.

Los habitantes de Pedraza están bajo el influjo del Mal. Obra, naturalmente, de Angelo, sus misas, hostias negras y novena sinfonía de Beethoven al organillo. El plan del mensajero de Santoro es preparar la coronación como antipapa del cardenal y para eso organiza al pueblo y capta sectarios (excursión de japoneses incluida). La puesta en escena para la ceremonia es maravillosa: todo el castillo/hospedaje engalanado con despieces de carne, simbología ocultista (muy Necronomicon o De Vermis Mysteriis) y una capilla impía donde sólo falta la conjunción de las 30 monedas. Nada puede salir mal de no ser porque Vergara, Paco y Elena (una nueva Tulip…) preparan su contraataque mientras sobreviven como pueden en los subterráneos del pueblo.

Como en 30 días de oscuridad, o Salem´s Lot nadie puede salir de Pedraza, y a base de pequeñas escaramuzas diseñan su plan. Esa supervivencia agónica (muy en el estilo de El nombre de la bestia, de Easterman) bajo tierra les obligará a medidas desesperadas como el ritual de la sangre de San Ambrosio o exponerse al aparente doble juego de Merche. A partir de este momento, se desata el final. La caravana de cainitas que llega al pueblo al estilo de Preacher y el Grial, la elaboración del manto y mitra para Santoro, el conjuro contra Elena, Vergara acometiendo su destino, Paco debatiéndose entre el deber y el amor, Santoro a punto de culminar su gran obra, Lagrange encuentra una nueva motivación en forma de mujer…

(Fuente: HBO España)

Sin desvelar el tramo final y las posibilidades que se abren, se puede elucubrar con muchas y muchas teorías con respecto al futuro de la serie. La misma podría cerrarse así, sin continuación, y el resultado es excepcional; los protagonistas, en medio de esta vorágine apocalíptica, se separan y encaran sus destinos como más o menos pueden. Sin embargo, al acabar uno tiene la sensación de que hay más. Los finales abiertos juegan con esa diatriba: por un lado, hay mimbres para un nuevo cesto; por otro, si no existe esa posibilidad, cada cual le asigna el futuro que considera a las tramas y a los protagonistas. En mi caso particular, apuesto (y deseo, naturalmente), por más.

Todo el capítulo y por ende toda la serie, es un festival visual, trufado de referencias de la cultura pop, pero también reales. Y eso, qué duda cabe, le da un punto de verosimilitud que invita a verla. La mitología pagana sumada a la ortodoxia cristiana, con una herejía por aquí, una secta por allá, y todo pasado por la coctelera de De la Iglesia y Guerricaecheverría supone un soplo de aire fresco, no sólo al género, sino al tipo de producto que se produce en España. Seguramente, puestos a ser asépticos, hay imperfecciones y fallos, errores en montaje, personajes secundarios justificables o no, etc, etc, etc… pero de lo que no cabe duda es que 30 monedas es un desafío a un modus que carecía de historias como esta. Porque puestos a ser transgresivos e, insisto, desafiantes, qué mejor que la imaginación y el descaro. Qué mejor que ser impío…

Álex, Jorge, dadnos más.