Crítica: ‘A la caza de espíritus malignos’, los exorcistas de barrio (surcoreano) de Netflix

Esta crítica se ha escrito tras ver los cuatro primeros episodios de ‘A la caza de espíritus malignos’ y no contiene spoilers.

Para llevar por título A la caza de espíritus malignos, la ficción surcoreana que acaba de estrenar internacionalmente Netflix incide en eso mismo bastante poco. El apresar pérfidos fantasmas es el más anodino de los ingredientes que componen este k-drama; por suerte, también es de los más escasos. El acoso escolar y la corrupción urbanística ocupan el centro de .

El protagonista, Mun, es un huérfano matriculado en un instituto con tremendos problemas de bullying, y cuando se une a las filas de los cazadores, una peculiar tribu que regenta un garito de fideos de día y persigue espíritus extraviados de noche, incluso los intereses del equipo viran hacia esas refriegas escolares. Así, casi desde el primer episodio, : la condición genérica, los monstruos, los superpoderes…, pero eso no supone un problema. Todo lo relativo a los espíritus del título resulta zafio y mil veces visto, con lo que el k-drama no hace sino ganar enteros cuanto más se aleja de aquellos.

. Mun, pero también Mo-tak, un expolicía amnésico con superfuerza, Ha-na, una joven que puede leer los recuerdos y detectar espíritus, y la señora Chu, que tiene habilidades sanadoras, no cubren con sus patrullas más que un puñado de distritos de Jungjin, la ciudad ficticia donde se enmarca la acción. Como ellos mismos aseguran, hay espíritus malignos en todos los puntos del globo, pero su área de trabajo se limita por alguna razón a la urbe donde viven. Las misiones, que no suelen abarcar más de un capítulo, se hacen eco de esta filosofía vecinal: exorcizar a un maltratador, por ejemplo, acaba dando pie a ofrecer apoyo explícito a la mujer atacada, que comparte con los cazadores acera, supermercado y marquesinas de autobús.

El esquema se repite con eficacia creciente a medida que se superan unos cortes quizá algo extensos para el paladar actual. En episodios que rozan los 70 minutos, por increíble que parezca, casi no hay hueco para las fases que compondrían lo que Joseph Campbell denominara el monomito: la llamada de lo extraordinario, las pruebas de destreza o ese fracaso inicial que acaba forjando al héroe. La irrupción de la dimensión mística en la vida de Mun –que no es sino una lente que, al observar una misma cotidianidad, devuelve colores distintos– es más .

Aunque tanto Mun como Mo-tak, los dos cazadores con una historia pasada más relevante para la trama, tienen prohibido utilizar sus facultades sobrehumanas para interferir en asuntos mundanos o cobrarse venganzas personales, lo cierto es que ambos arrastran muchas cuentas que saldar en una estructura social que pide a gritos un buen saneamiento. y se resigna a pasear por meandros mucho más interesantes, la mayoría adheridos a una red de corrupción que va desde un cuerpo de policía deshonroso a un alcalde-magnate chanchullero y podrido, casi el Jesús Gil coreano.

‘Amazing Rumors’, el ‘webtoon’ del que salió ‘A la caza de espíritus malignos’.

Por concretar, en A la caza de espíritus malignos los aliados de facto del protagonista no son tanto sus camaradas superpoderosos, sino sus amigos de la infancia y compañeros de pupitre, Ju-Yeon y Ung-Min –reflejados arriba en una viñeta de Amazing Rumors, el webtoon o cómic digital del que nació la serie, disponible online pero solo en coreano–; y que con los cabronazos que empeoran la vida en el más acá: matones de esquina y pijos devenidos en mafiosos de jet set. Los exorcistas de Netflix tienen claro que es a esos a quienes hay que cazar.

‘A la caza de espíritus malignos’ está disponible completa bajo demanda en Netflix.