Crítica: ‘Dime quién soy’ es una gran producción, pero le falta fluidez

Vaya por delante que el comienzo de Dime quién soy, en términos generales, me ha gustado y que seguiré viéndola semana a semana. Pero no sé si el problema eran mis elevadísimas expectativas -esperaba, practicamente, la serie española más grande en mucho tiempo- o es cosa el de la propia serie; el caso es que he de reconocer que algo frío sí que me ha dejado.

Lo esencial que esperábamos de la serie está ahí: una superproducción ambiciosa donde escenarios y vestuario lucen bien, con fiestas de postín y momentos históricos bien recreados, que hacen que una protagonista femenina casi omnipresente pueda lucirse. Dime quién soy debía ser, ante todo, una serie bonita de ver. Tan sencillo como eso, tan difícil también. Y, sí, lo es con creces. E Irene Escolar, como no cabía duda que sería, encaja a la perfección en los zapatos de una Amelia Garayoa al inicio un poco irritante, por boba e ingenua, pero que intuimos que su camino nos hará quererla y sufriremos con ella.

Mi problema con la serie, entonces, es que hecho en falta cierta fluidez en el guion. Aun sin haber leído la novela, tengo la sensación de que el material de partida pesa demasiado en esta adaptación y que la serie se preocupa tanto en ser fiel a lo que los lectores tenían en mente que se olvida de crear un relato propio y consistente. Esto se hace especialmente notable en el primer episodio de Dime quién soy, que avanza a trompicones, de una escena a otra, y le falta cohesión: saltamos de aquí a allí y parece como si alguien hubiese cogido las páginas de la novela y hubiese dicho “esta sí, esta no”.

Otro de los fallos del arranque de la serie es ser poco específico en cuanto al contexto histórico, pues parece que se dé por hecho que el espectador sabe qué está pasando en la España de 1934 en la que vive Amelia, y no tiene por qué ser así. Son demasiadas cosas para contar en un primer episodio -quizás no tantas- que se aturullan a lo largo del metraje y no saca todo el jugo posible a la cuestión moral en relación a la decisión que debe tomar la protagonista y que cambia el rumbo de su vida, si bien sí remata el capítulo con una escena suficientemente épica en la estación de tren. El segundo episodio, en cambio, logra mostrarnos mejor hacia dónde se encamina la serie y, ahí, ya tenemos más claro a qué atenernos.

Oriol Pla es Pierre Comte en ‘Dime quién soy’. (Fuente: Movistar+)

Más allá de esto, la serie descansa no solo en sus altos valores de producción, ya comentados, o en la figura de Escolar, sino también en un buen grupo de personajes secundarios que entrarán y saldrán de la vida de Amelia, para acompañarla en diferentes etapas. Oriol Pla, que entre este personaje y el de El día de mañana parece especializado en encantadores muchachos que resultan no ser trigo limpio, es una de las grandes bazas de la serie. También lo es que apueste por utilizar diferentes idiomas que hacen que el viaje de la protagonista sea sonoramente mucho más rico y veraz.

Suponiendo que el comienzo de Dime quién soy es solo eso, el comienzo, esperamos que poco a poco vaya dándonos un poco más de todo: más drama, más romance, más épica y más mundo por descubrir. Que nadie se baje del tren todavía.