Crítica: ‘El joven Wallander’ no aporta nada nuevo, pero tampoco lo necesita

Esta crítica se ha escrito tras ver la primera temporada de ‘El joven Wallander’ y no contiene spoilers.

Somos clientela cautiva. Todos, más o menos, nos sentimos atraídos por un determinado tipo de historia, un talón de Aquiles que hace que, con que un género sea correcto, ya nos basta para engancharnos. Ese es el público de El joven Wallander, una historia de Netflix policíaca y que no decepciona, pero tampoco innova.

Kurt Wallander es ese investigador que se escondía tras la cabeza de Henning Mankell, uno de los escritores de novela negra más seguidos en las últimas décadas. Con él va implícito un tono, un aire y una forma de narrar. No es que la adaptación de Netflix sea un ejemplo impecable de traslación a otro medio, pero es suficientemente coherente aunque cuenta con un protagonista demasiado impersonal.

Y es que ese es el mayor defecto de la serie; su protagonista podría ser perfectamente intercambiado por otros mil y la propuesta no se resentiría. Cualquiera pensaría que eso la convierte en una mala producción, pero el entorno, el mundo que acarrea y las historias que cuenta aguantan: familias ricas, traficantes, inmigración y un caso de presentación del personaje que apesta por todos lados. Suficiente para engancharme.

(Fuente: Netflix)

La serie es fácil de consumir, de esas de las que no esperabas mucho pero, a lo tonto, te la ves del tirón. La trama a desenredar consigue medir los giros y las revelaciones y, a la hora de destapar todo lo que hay detrás, deja con ganas de más. Es un buen entretenimiento irrelevante y muy disfrutable. No todos tienen que ser clásicos desde su nacimiento.

Si te va lo criminal, sin mucha violencia, con un policía cabezón y gente que cree que un mundo con más justicia es posible, esta es tu serie. Siéntate cómodamente y deja que pasen las horas.

La primera temporada de ‘El joven Wallander’ está disponible en Netflix.