Crítica: ‘La caza. Tramuntana’ llega a su fin alejándose de ser un thriller policial más

La ficción de TVE concluye su temporada poniendo punto y final a la investigación de forma satisfactoria

(Fuente: TVE)

La caza. Tramuntana es uno de esos thrillers policiacos que, aunque tiene ciertos elementos típicos del género que puede hacer la serie un poco tediosa y previsible, tiene muchos otros puntos fuertes que consigue potenciar. El primero de ellos y quizá el más importante lo cubre la protagonista de todo esto: Megan Montaner, que ha demostrado una vez más que puede cargar ella solita con la serie a sus espaldas. El poder verla tan crecida en las escenas de acción, pero a la vez tan vulnerable cuando recuerda su pasado -momentos en los que se vuelve tan chiquitita-, es un regalo para el espectador.

Can Falgueres y todo lo turbio que rodeaba a ese lugar ha sido el punto central de la investigación de esta segunda temporada de La caza. Aunque en su desarrollo ha pecado mucho de introducir a un sospechoso en cada capítulo (que finalmente resulta no serlo, por supuesto), ha conseguido que el final de la temporada sea un cierre satisfactorio tanto para los protagonistas como para el espectador. Esos giros, ya hacia el final de la ficción, con el personaje de Malena o con la historia de la infancia de Sara, han conseguido captar nuestra atención si la historia había dejado de interesarnos.

Pero si de personajes trata la cosa, y La caza. Tramuntana es una serie muy coral, esto muchas veces juega en su contra: no presenta en profundidad ni la mitad de sus personajes, lo que dificulta identificarlos únicamente por el nombre cuando se mencionan en la investigación. A quien sí hubiera agradecido no haber conocido es al sargento Selva (interpretado por Félix Gómez), un personaje que, aun en otra línea temporal, no aportaba nada narrativa y emocionalmente hablando. Lo único que le da vidilla es esa alianza final que hace con Víctor Gamero (Alain Hernández) para encontrar a Sara, pero no es suficiente.

Aun con sus defectos, como decimos, es precisamente la recta final de esta segunda temporada la que consigue dejarnos con un buen sabor de boca, sobre todo por la trama entre Montaner y Tristán Ulloa (Ángel Campos). Es una trama que no solo aporta a nivel narrativo, para concluir la historia de una manera imprevista que sorprenda al espectador, sino que va más allá porque la química entre ambos intérpretes es realmente buena.

En definitiva, aunque sea un título que pueda meterse en el saco de los thrillers policiacos clásicos, La caza. Tramuntana consigue algo muy difícil: tener una identidad propia. Así que, ante a la frase que comentaba mi compañero Álvaro Onieva tras ver el primer capítulo («habrá que ver hasta dónde llegamos junto a Campos”), yo afirmo rotundamente que por Sara Campos vamos a donde nos pidan y las veces que haga falta.

‘La caza. Tramuntana’ está disponible en RTVE.