Crítica: ‘Master of None: Momentos de amor’ se aleja de la risa para hablar de mujeres reales

La serie de Aziz Ansari vuelve cediendo el protagonismo a Denise y Alicia, pero también cambiando de tono

(Fuente: Netflix)

Cuando creíamos que Master of None se había perdido en el olvido, Netflix nos sorprendió con su vuelta: no solo habría una nueva temporada sino que estaba a punto de caramelo. Y, por fin, el domingo pasado llegó a la plataforma la nueva entrega, compuesta por cinco episodios de dispar metraje, en los que el personaje de Denise (Lena Waithe), que ya había sido el centro de aquel excelente episodio Acción de Gracias, pasaba a ser la protagonista y Dev (Aziz Ansari), un mero secundario. ¿El resultado? Sorprendente, diferente, estimulante, profundo y no a gusto de todos.

Confieso que llevo varios días atascado en esta crítica, incapaz de encontrar las palabras que hiciesen justicia a la maravillosa experiencia de visionado que me supuso esta serie. Hicimos un Review, pero parlotear y escribir no es lo mismo. Y aquí estoy, tiempo después, habiendo asumido que no estaré a la altura, pero con la firme convicción de que debo contrarrestar esas voces que están poniendo a Momentos de amor como un peñazo insufrible.

Reconozco que las relaciones sentimentales y las crisis de pareja en ficción son para mí lo que las capas y los poderes para los hinchas de Marvel, así que por lento que fuese el tempo de esta temporada no me iban a echar. Y era la serie de Aziz, demonios, claro que estaba a favor de obra como espectador. Pero mi goce no responde a un mero empeño, sino que la serie fue capaz de encandilarme, llevarme a un sitio no esperado y, además, conseguir que sufriese con la historia de dos mujeres que se perciben mucho más reales que cualquier otra de las representadas en la televisión reciente.

Esa lentitud que tanto achacan algunos a Master of None: Momentos de amor no es una ínfula de cine indie o autoral, sino que verdaderamente aporta a la narración para construir el universo de una pareja que, primero, vive en una fantasía irreal y, después, de esfuma entre silencios y dolores que, puntualmente, estallan en verdaderos huracanes de reproches. La temporada reflexiona sobre el éxito, o la idea que tenemos del éxito como un supuesto estado final en el que «ya lo conseguí», y lo enfrenta a la realidad: siempre pasa algo después de un «y fueron felices y comieron perdices».

Que la casa tenga tanto protagonismo tampoco es caprichoso. La casa es la materialización de ese sueño capitalista que vive Denise, quien por fin ha dado el campanazo y se ha construido su castillo. Lo que no sabe es que se trata de un castillo de naipes a punto de desmoronarse. Y lo que lo destruye no es un giro de guion servido como golpe de efecto, es la vida misma. Dos personas que están en puntos diferentes y que no han sabido entenderse, nada más y nada menos. Y acostumbrados como estamos a ver en televisión relaciones tratadas desde lo culebronesco, siempre tirando del manido triángulo amoroso (¿de verdad la gente vive triángulos amorosos en la vida real?), resulta muy seductor colarse, cual espectador-voyeur, en la intimidad de esta casa.

(Fuente: Netflix)

La casa es, además, la representación de la propia relación. No sé ustedes cómo entienden el interiorismo, pero para mí decoración supone un reflejo de quién soy, estética y moralmente. Tu vida, proyectada en paredes. Y así lo vemos con Denise y Alicia, ambas construyen un lugar que no solo refleja quiénes son cada una sino también la suma de ambas; luego, ese lugar se descompone y pierde su vida a la par que la pareja deja de existir. Nunca más ese sitio será ese sitio, solo un caparazón vacío que otros rellenarán. Vale, dejemos ya de hablar de la casa.

Hablemos de lo importante, que es el episodio 4 (y aquí vienen pequeños spoilers). Si Dev cedió espacio en la segunda temporada de Master of None a Denise, ahora es Denise quien deja que sea Alicia la que ocupe el centro del escenario en el que es el episodio más brillante de la temporada y, posiblemente, también del año seriéfilo. Algo tan universal como la maternidad y el miedo a no poder tener hijos biológicos se cuenta aquí a lo largo de una hora con infinidad de momentos y detalles que hacen aflorar la emoción. Que aunque jamás hayamos querido tener hijos, queramos que Alicia consiga lo que desea y que tanto está peleando. La acompañamos, destruida, a esa lavandería en la que suena a todo trapo Danza Kuduro, sufrimos su primer pinchazo hormonal tanto como ella (ojo al homenaje a las madres que siempre están al teléfono) y la aplaudimos cuando dice que esta bitch no va a darse por vencida. Y, sobre todo, no nos cabe duda de que estamos ante uno de los retratos más crudos (y a ratos luminosos) con mujeres protagonistas.

Y luego, el final. Pero del final no voy a decir nada que no haya dicho ya. Con el último episodio, Master of None: Momentos de amor prosigue esta realista exploración de las relaciones de verdad; si en las dos primeras temporadas la deconstrucción de la comedia romántica se hacía entre la veintena y la treintena, aquí estamos explorando otro momento vital que nos lleva hacia la madurez, o no, de los casi cuarenta. Donde se acepta que la vida nunca deja de ser un work in progress y que debemos ser felices con lo que tengamos. Como podamos. Aunque seamos esas ovejas.

¿Tercera temporada o spin-off?

Entiendo que haya gente que, al margen de la calidad de esta Momentos de amor, sienta que lo que tiene delante no es la Master of None que recordaban. El tono de la serie ha cambiado y, si bien nunca fue una comedia tronchante, sino que se movía en el terreno de la dramedia con encanto y sonrisa, aquí se borra todo intento de chiste y, definitivamente, estamos ante una serie dramática. Sí queda de aquella el interés temático por las relaciones modernas y el amor cinéfilo (la referencia más citada esta vez, Secretos de un matrimonio de Ingmar Bergman) en lo formal.

Y quizás sea cierto que esto, más que una tercera temporada de Master of None, es otra cosa. No en vano, el póster nos da una pista: «Master of None presenta Momentos de amor». Tal vez sean una especie de ficciones hermanas, pero no la misma. Sea como sea, la historia de Denise y Alicia merecía ser contada.

‘Master of None: Momentos de amor’ está disponible en Netflix.