De libro a serie: los cambios de ‘El desorden que dejas’ en su salto a Netflix

La literatura lleva décadas inspirando las ficciones televisivas y con cada adaptación siempre surge cierta polémica a la hora de evaluar la obra original y su versión en la pequeña pantalla. Cuando el autor de la novela y el responsable de la serie son el mismo, como ha sucedido con , además de no poder culpar al guionista de lo que no nos guste, es de suponer que las discrepancias serán menores. Pero como hemos podido comprobar los lectores de la obra de Carlos Montero, el creador de y ha introducido numerosas modificaciones en el guion de la producción de Netflix.

La serie protagonizada por Inma Cuesta y Bárbara Lennie es, en diversos momentos, una versión actualizada de la historia original, más feminista gracias al reivindicativo discurso de Nerea, más diversa gracias a los sentimientos de Roi hacia Iago o más tecnológica con la aparición de la aplicación de citas que lleva a su antiguo amante a plantarse en la casa de Raquel y Germán. Sin embargo, también ha prescindido de detalles que podrían parecer importantes, ha introducido cambios en la personalidad de algunos personajes y ha añadido otros acontecimientos que no aparecían en la versión en papel. Estos son algunos cambios que, después de ver la serie una semana después de acabar la novela, más me han llamado la atención.

(Fuente: Netflix)

Cuando Raquel llega a Novariz se encuentra un pueblo “golpeado por la crisis como el que más; tenía una boyante economía basada en una gran empresa de embutidos que quebró y ahí el pueblo se vino abajo”. Esa gran empresa pertenecía a Gabriel Acevedo, un detalle importante si tenemos en cuenta lo que le dice Concha en el último episodio (“en el pueblo te tenemos muchas ganas”) y el devenir económico de Viruca y Mauro, que habían invertido en la empresa pero sus acciones perdieron valor con la quiebra.

Raquel también deja constancia en la novela de la indignación que le produce el tren de vida de Acevedo cuando son invitados a la fiesta que se celebra en el chalet del personaje interpretado por Xosé Touriñán, confesando que le parece “obsceno que viva en esta casa, que presuma de ella, cuando más de la mitad del pueblo vive en la miseria desde que cerró la fábrica de su familia”. Una miseria que lleva a la pantalla el personaje de Roi (y sus calzoncillos), pero que apenas queda patente entre tanto piso de diseño y tanto coche de alta gama.

(Fuente: Netflix)

A excepción de algunos capítulos, en los que la acción se centra en Iago y sus amigos, la versión original de está narrada por Raquel y todo lo que sabemos de Viruca nos llega a través de ella. Es decir, el personaje de Bárbara Lennie no existe y lo que le llevó a terminar ahogada en el pantano lo vamos conociendo gracias a la particular investigación que lleva a cabo la profesora recién llegada a Novariz.

Es indudable que la aparición del personaje de Viruca enriquece la historia que nos están contando y, entre otras cosas, nos ayuda a comprender mejor la relación que tenía con sus alumnos y lo que estos sentían por ella. También sirve para enriquecer otras tramas, como las que se ocupan de narrar su deriva económica. Sus padres, por ejemplo, no aparecen en la novela y todo lo que sabemos de sus problemas financieros nos llegan a través de las conversaciones de Raquel con Mauro. Y en otros momentos es utilizado para jugar con las emociones del espectador, ya que en la versión literaria Viruca y Raquel no coinciden en el hospital ni tienen la posibilidad de compartir un paquete de pañuelos.

(Fuente: Netflix)

La Raquel de la novela está atormentada por el devenir de su matrimonio y por el papel que ella ha jugado en los momentos de crisis. Su infidelidad le persigue siempre, y más cuando comienza el chantaje de los estudiantes, que por sí solos también terminan convirtiéndose en un tormento. Pero no tiene pesadillas con su madre ni se le aparece en los momentos más inoportunos, simplemente la echa de menos, aún sabiendo que su relación no era perfecta. Este cambio televisivo contribuye a crear la inquietante atmósfera que cualquier producción del género del suspense necesita, especialmente cuando acaba de arrancar y todavía no tenemos claro de dónde viene el peligro que acecha a la protagonista.

(Fuente: Netflix)

Seamos claros, Germán no es el marido ideal, tampoco en la novela, pero sobre el papel su relación matrimonial parece más esperanzadora y él no es tan idiota. Porque a nadie se le ocurriría invitar a los alumnos de su mujer a una fiesta, de la cual, por cierto, buena parte de lo que sucede en ella pasa en el libro en dos momentos diferentes. Por un lado, el responsable de que los alumnos acaben en su casa es Iago, que va a cenar a , después coincide con Germán en un bar y termina liándolo para acabar en su casa cortando leña, esperando que Raquel vuelva de A Coruña para que se dé cuenta de hasta dónde está dispuesto a llegar. Por otro, el descubrimiento de la relación entre el personaje de Tamar Novas y Viruca tampoco sucede en esa fiesta, sino que Raquel se da cuenta de que el número de teléfono de su marido y el de uno de los que están en el segundo móvil de la víctima coinciden, y lo hace casi casualmente revisando una lista.

La vertiente delictiva de Germán también es diferente. La trama corrupta en la que los hermanos Araujo reúnen dinero para acelerar los trámites de la Xunta y se lo dan a la difunta también debe ser fruto de la actualización de la historia, porque en la novela no existe. Y en cuanto al suceso que le lleva a la cárcel, al bueno de Roi lo recoge frente a la casa de Iago porque este le da la paliza al descubrirlo en su cuarto y no después de seguirlo por el pueblo. Es algo que Raquel no descubre hasta que está en el hospital, pero de lo que sí habla la pareja antes de que a Germán se lo lleve la Guardia Civil. Y aunque tampoco va a visitarle a la cárcel, la Raquel literaria sí que se preocupa por su marido, habla frecuentemente con su abogado y tiene más fe en él que la televisiva.

(Fuente: Netflix)

Montero debió de cogerle gustillo a los accidentes de tráfico con el percance de Christian en el arranque de la segunda temporada de , porque en la adaptación televisiva de su novela ha incluido dos que no aparecían en la creación original. En el libro, Raquel no se sale de la carretera intentando esquivar a una pareja de ciclistas, y esta variación es una forma de contagiarnos de su inquietud por sentirse perseguida, además de un buen con el que cerrar el cuarto episodio.

Antes llegar al otro incidente automovilístico, o el desahogo desesperado de Iago, no quiero dejar de comentar que en el libro Acevedo no aparece en casa de la pareja fingiendo que Germán se ha intentado suicidar, tal vez por las conversaciones de Raquel con el abogado que mencionadas previamente. Gabriel le convence de que se suba al coche para llevarla al restaurante después de ganarse su confianza, diciéndole que él pagará la fianza necesaria para que su marido salga de la cárcel.

El inquietante secuestro tampoco termina en un polígono industrial, sino en la casa piloto de la promoción inmobiliaria que Tomás no pudo terminar por culpa de la crisis. Y cuando Raquel está inconsciente y salta del coche, Iago acompaña a su padre y a Acevedo para atraparla, no estrella el coche. Puedo perdonar muchos cambios por cuestiones narrativas, pero que nos hayan robado la posibilidad de ver a Concha diciéndole a Mijaíl, después de amenazar a Acevedo, “Tú empieza por el crío. A los huevos”, eso no sé si lo voy a poder olvidar.

(Fuente: Netflix)

El empeño de Montero por restar cariño a la relación de Raquel y Germán e inteligencia a este último es tal que también introduce cambios en el salto en el tiempo con el que se cierra la miniserie. En el libro, ambos quedan conmocionados, como el resto del pueblo, al conocer los detalles del caso gracias a la filtración a los medios, que ha llevado la noticia a las portadas de todos los periódicos. Separados pero al teléfono, la ya expareja comenta los detalles que desconocían, como los vídeos que en realidad Roi nunca consiguió ver o los negocios que se traían Tomás y Gabriel. Es entonces cuando el personaje de Inma Cuesta, que no ve a Iago desde la persecución en el bosque, le dice que volverá a testificar a favor de su exalumno, porque “Iago ya ha pasado por demasiados infiernos, no se merece acabar en la cárcel”.

Esa conversación termina con ambos poniéndose al día con el futuro de la madre de Germán, que termina vendiendo el restaurante, o con el de él mismo, que por fin ha encontrado la inspiración suficiente para escribir en “un pueblo donde ha pasado una historia tremenda. Novariz, no sé si te suena”. Y es Raquel la que hace el apunte sobre el marido de la protagonista y le pide que “no salga muy mal parado. Que te conozco y eres capaz de ponerte a caer de un burro” a diferencia del “no te cortes, puedes dejar al marido como un capullo porque es lo que fue” que Germán le dice en la versión televisiva. Soy consciente de que su vocación literaria es un broche precioso para un personaje que ha sufrido tanto como la profesora sustituta, pero tampoco pasaba nada por dejar que a Germán le saliese algo bien.