El final de ‘El desorden que dejas’, analizado por su creador y actores

Aunque se estrenó el viernes pasado, muchos de los espectadores de Netflix ya han terminado la adictiva miniserie a estas alturas. La tentación de darle al botón de “siguiente episodio” es demasiado grande cuando la trama no para de avanzar y se introducen nuevos y jugosos elementos constantemente. Carlos Montero, creador de la serie, y los intérpretes Arón Piper y Bárbara Lennie nos dan algunos apuntes sobre el final de la ficción.

Si apunta hacia varios posibles culpables de la muerte de Viruca (Germán y los chanchullos con la Xunta, los sentimientos pasionales de Iago o la hipótesis del suicidio), es mucho más sutil cuando siembra la verdadera razón. Que Tomás no es trigo limpio es cristalino, pero lo de la red de prostitución de menores es difícil adivinarlo: solo hay una breve pista en la escena de la fiesta.

Carlos Montero nos cuenta cómo decidió cuánta información dar a los espectadores: “En el thriller siempre pasa esto. Si no muestras nada, parece que te lo estás sacando de la manga y es muy decepcionante, pero si muestras demasiado tienes miedo de desvelar. Es un equilibrio que nunca sabes si va a funcionar y pasa siempre, cuánto ocultas y cuánto no. El espectador ya se las sabe todas y a nada que le des una pequeña pista ya empieza a hilar”. No obstante, asegura que “a mí realmente no me importaba tanto que se supiera el final, no necesitaba que fuese una gran sorpresa, pero siempre es satisfactorio si lo es. A la vez, tienes que haber sembrado cositas para que la gente no te diga que no se lo cree”.

Por otra parte, después de la situación de peligro que vive Raquel cuando es raptada por Acevedo, la protagonista queda fuera de juego y toda la resolución del caso pasa mientras está inconsciente en la cama del hospital. El guionista argumenta por qué no es ella quien, después de todas sus pesquisas, descubre el embrollo: “Siempre me resulta muy tedioso tener que explicarle al protagonista qué ha pasado o que el protagonista se lo explique a los demás. En la novela decidí que ese recurso estaba muy usado y decidí saltármelo. El desenlace, en su viaje, me importaba menos, así que creía que esa casi elipsis era mejor para la narración. O al menos fue la mejor manera que encontré para contarlo”.

La serie comienza con el acoso anónimo de los alumnos hacia Raquel. Con el paso de los episodios, Roi confiesa cuáles eran los motivos de su implicación -quería que alguien investigase, porque sospecha que no fue un suicidio-, pero cuando conocemos por todo lo que ha pasado Iago, sus razones parecen más complejas. “Él tiene un viaje muy fuerte con Viruca y, una vez que esa historia se termina, tiene un derrotismo y una negatividad que se convierte en su energía”, expone Arón Piper, “Entonces llega una nueva profesora que viene a sustituir a quien ha hecho tanto en él y surge eso. Pero a medida que avanza la serie también lo hace como una forma de proteger a Raquel; no quiere que acabe igual de Viruca, quiere empujarla fuera. No va desde la maldad”.

Arón Piper en ‘El desorden que dejas’. (Fuente: Netflix)

Lo que pasa por la cabeza de Iago no es solo el instinto de protección hacia Raquel. Su situación le tiene al límite y el actor nos explica por qué su personaje juega muchas veces en contra de la resolución del caso, es decir, por qué trata de ocultar que él, en realidad, es una víctima de proxenetismo: “Entran en juego muchos factores. Es un pueblo donde todos se conocen, donde hay ciertas jerarquías, gente poderosa… y dar ese salto de denunciar a su padre, quitando lo más primario que es denunciar a esa figura de tu creador, entra también la vergüenza de que se sepa, el miedo a las represalias no solo de su padre sino de toda la cadena que hay detrás. Él siente que si le denuncia tendría que viajar a Marte para poder sentirse seguro”.

Decirlo también es hacerlo real y él trata de hacer como que no está pasando”, añade Montero, “Cuando te cuentan relatos de niños abusados dicen eso: que muchos lo tienen como un cajón que prefieren no abrir porque es muy doloroso y no saben cómo van a quedar como seres humanos si eso sale a la luz”. Piper suma la siguiente reflexión: “Es algo de largo. Si fuese algo nuevo, no te crees que ese hombre tan bajito pudiese ser más poderoso que Iago, pero es algo que viene de lejos. Es como un tigre que tienes dándole de hostias desde que es chiquitito, que aunque ahora sea enorme puedes seguir pegándole porque tiene eso en la memoria”.

“Viruca la lía mazo”, señala Bárbara Lennie. La protagonista de la línea temporal del pasado es el gran interrogante de la serie, que la plantea a veces como un personaje muy positivo y otras con muchísimas sombras hasta tal punto que su destino está marcado por esas dos partes, querer hacer el bien y querer sacar tajada de una situación delicada. “Ella no es un corderito, pero eso es lo interesante. La acompañamos en ese viaje que hace ella, junto con Mauro, hacia su perdición. Viruca es una mujer pasional, disfrutona, a la que le gustan todos los placeres en general, y que disfruta de una vida que ha construido que es desorbitada y fuera de la realidad, pero es la suya. Me gustaba plantear ese arco y que fuera también una profesora apasionada y una mujer que sabe hacer su trabajo, pero que por una serie de malas decisiones y otros factores, ocurre lo que ocurre”, dice la actriz.

Iago y Viruca. (Fuente: Netflix)

Después de la resolución del misterio central de la serie, Raquel se despide de quienes fueron sus alumnos y deja atrás su tormentoso paso por Novariz. Pero la serie no termina ahí, sino que da un salto en el tiempo para mostrarnos que tras ese turbulento pasaje de su vida, la protagonista encuentra algo de paz. “Creo que se lo merecía ella y se lo merece el espectador. Sobre todo el último capítulo es muy oscuro y yo, en el fondo, aunque creo que el mundo es un lugar cruel, pienso que también es un lugar lleno de luz. Me apetecía esa luz y más con la canción de Iván Ferreiro”, dice Montero.

Es una escena bonita y esperanzadora, pero que realmente no cambia demasiado la historia general y, de hecho, el guionista tuvo dudas de si eliminarla del montaje final: “Fue algo que pensamos mucho, incluso una vez ya rodado me planteé si lo acababa más seco y quitaba ese epílogo. Pero el epílogo estaba en la novela y al final decidí que el público se lo merece y Raquel también”.

El desorden que dejas es la adaptación que hace Carlos Montero de su propia novela, que publicó en 2016. Sobre el proceso de traslación de un formato a otro, comenta que “la tentación de cambiarlo todo siempre está y como era mi propia obra el autor no se iba a cabrear conmigo”, bromea. “Al final decidí confiar en ese material porque era el que escribí en su momento y el que me habían comprado, y creía que tenía suficiente peso como para respetarlo y subvertirlo. Es algo en lo que tuve muchas dudas, pero una vez que elegí el camino ya fui a muerte con él”.

“Me encanta la estructura de thriller y reconozco que en la novela, que es el origen de la serie, llegué a la mitad sin saber exactamente qué iba a pasar”, recuerda sobre la escritura, “La fui construyendo y cada vez se iba todo volviendo más macabro y pensé que tenía que ir hasta el final. Por eso creo que sorprende, porque me atrevo a ir hasta allí, y en la serie lo he respetado porque creía que el final de la novela era muy poderoso”.