Entrevista | Rozalén: “Todos los problemas sociales parten de la falta de amor propio”

En su cuarto disco, El árbol y el bosque (Sony), se mira al espejo. Rozalén quiere quererse más y reflexiona –sin dejar de lado la denuncia– sobre el día de su muerte o la amistad. Le gustaría vivir en un pueblo lejano.

En el disco hay una búsqueda constante. ¿De qué? Me llevo buscando mucho tiempo. En el anterior disco, también, por eso conté las historias de mi casa: primero hay que saber de dónde vengo. En este iba haciendo canciones como me nacían y luego pensé: ¿Qué las une? Y es verdad que estoy más introspectiva, que me cuestiono más que nunca qué he venido a hacer aquí. Estoy frente al espejo por primera vez con conciencia.

¿Da miedo mirarse a una misma tanto rato? De hecho, creo que me miro hasta poco. Porque hay cuestiones que sé que tengo que trabajar y que las dejo siempre para otro momento.

¿Cuáles? Pues mira, soy muy rencorosa, aunque cada vez menos. Siempre quiero gustarle a todo el mundo, aunque sé que no es posible; sufro con eso, tengo un bienquedismo que no supero. Y a lo mejor hago cosas que no son del todo coherentes y las miro como de refilón.

'El árbol y el bosque', disco de Rozalén.

ROZALÉN

  • Albacete, 1986. Cantante y compositora.

Su nombre es María de los Ángeles Rozalén. Psicóloga y máster en Musicoterapia. Empezó a componer a los 14 años Su padrino, José Bono, le regaló su primera guitarra. Beatriz Romero, intérprete de lengua de signos, la acompaña en sus conciertos. Colabora con varias ONG.

Mezcla muchos estilos. Cuando compone la letra, ¿ya está pensando en la melodía? Primero quiero saber qué quiero transmitir y luego ya juego. Pero es verdad que este disco tiene algo que no tienen los otros: dos o tres canciones en las que he partido de la música. Yo tengo limitaciones a la hora de componer, porque solo toco la guitarra –y componer con una bandurria es difícil–, pero por primera vez el año pasado me fui con toda mi banda a una casa perdida en un pueblo de Guadalajara a tocar, sin pensar en el mensaje. A raíz de ahí, fui grabando millones de cosas. Y se nota.

Los temas aguantan bien el acústico. ¿Es la prueba de fuego? Sí. La producción es muy energética, pero cuando las canciones funcionan con un instrumento y una voz, tiran solas.

Versiona La maza, de Silvio Rodríguez, y el título del disco sale de Aute. ¿Son sus ídolos de otro tiempo? Mis referentes, mis maestros, suelen serlo. A veces pienso que quizás debería haber nacido en otra época… Me dicen mucho que soy un poco antigua, ‘viejoven’. Pero también hay gente mucho más joven que me inspira, como Nathy Peluso, la chica de Delaporte, Sandra, Rosalía, etc. Vienen unas generaciones que hasta me da envidia verlas tan libres, aunque supongo que también llevaran la procesión por dentro. Me gustan los nuevos sonidos, pero los grandes referentes en cuanto a mensaje de vida y poesía, son de otra época.

¿Por la experiencia, quizá? Pues hay canciones que me gustan de Aute, Serrat o Sabina que escribieron con 30 años, pero parece que estaban más vividos que yo a esa misma edad.

Rodríguez dice que todas las canciones, hablen de lo que hablen, son políticas. ¿Está de acuerdo? Encima con las de Silvio, más, porque siempre tienen un lado místico; todo el mundo las relaciona con la revolución cubana, pero pueden ser lo contrario. Lo personal es político: incluso las canciones del disco que hablan de autocuidarme, de quererme, son politiquísimas. Creo que todos los problemas sociales parten de la falta de amor propio. Si uno está bien consigo mismo, si se logra querer, lo que va a ofrecer a los demás será más amoroso. Estoy convencida.

¿Le pasa a usted? Mira, creo que soy una tía fácil y muy positiva, pero cuando he tenido, por ejemplo, malos gestos o de las poquísimas veces que me ha costado decir que sí a una foto ha sido porque no estaba descansada, porque no estaba dedicando tiempo a perderme un día en el monte, que me pone las pilas. Cuando estoy bien, y eso lo trabajo mucho con la psicóloga, estoy para todos.

“Alucino cuando vuelvo a ver defender cosas que me parecían superadas”

En 2019 firmó un manifiesto para pedir un pacto de PSOE y Podemos y este año, otro para una reconstrucción social. ¿Por qué nos cuesta tanto el progresismo? Porque ahora hay gente que quiere que volvamos a la Edad Media. Es como La estaca, de Luis Llach: si tú tiras por aquí y yo por acá, hay algo que te impide avanzar. Hasta que no se tire desde un mismo lugar, desde el lugar del progreso de verdad… Alucino cuando vuelvo a ver defender cosas que me parecían superadas; ese tiempo ya no se está dedicando a progresar.

Le dedica una canción a la muerte y otra, a las arrugas. Hay que tener valor a los 34 años. Me gusta mucho hablar de los tabúes. Este año la muerte está muy presente, no solo por la Covid, sino por toda la gente importante que se ha ido, como Aute o Julio Anguita; y no se está haciendo el duelo como se tiene que hacer para la salud mental. Hay gente que se está muriendo sola, eso es macabro. Yo pienso mucho en qué pasaría si me muriera mañana, supongo que tendrá que ver con el mancheguismo este que tengo, el punto Almodóvar. Habría que llorarlo, porque soy joven, pero me gustaría que celebraran todo lo que me ha pasado, que es muchísimo.

Además de la bandurria, ¿de qué cosa no se ha desprendido desde que es pequeña? Supongo que hubo una época en la que renegaba de haberme criado en un pueblo –la adolescencia es absurda a veces– y ahora tiro más a ello. Cada vez deseo con más fuerza vivir en un pueblo lejano, con animales y una buena lumbre. Vuelvo a la raíz, a lo que vivía de niña.

¿Su incapacidad para decir que no le ha puesto alguna vez en una situación delicada? Sí. Además, se me nota cuando no estoy haciendo las cosas de corazón. Son tantas cosas en las que tengo que pasar por el aro… Pero me esfuerzo mucho por estar bien en todos los sitios.

Su nuevo disco se titula 'El árbol y el bosque'.
Su nuevo disco se titula ‘El árbol y el bosque’.
JORGE PARÍS

¿A qué no se atreve a escribirle una canción? Huy. La monarquía. No sabría ni cómo decir lo que pienso. Quizá no escribo sobre determinadas cosas porque no tengo claro cómo o no tengo una opinión, pero si la tengo y estoy segura, voy a por todas. He escrito sobre cosas innombrables, como el conflicto vasco, la memoria histórica, el feminismo, el celibato opcional -mis padres tienen esa historia-, etc. En todos los conflictos se pueden entender las diferentes posturas si sabemos ponernos en los zapatos del otro.

Es una persona comprometida. ¿Qué le preocupa más de lo que ve? La falta de empatía lo resume todo. Es el gran problema, que alguien se crea superior a alguien por cualquier motivo. Ahí se engloba el feminismo, el racismo, el problema del Mediterráneo, etc. No lo entiendo. Es porque tenemos una historia, pero es tan absurdo…

¿La pandemia nos está volviendo mejores, peores…? Está destapando lo que hay. Al principio era todo utopía, y yo seguiré siendo utópica, pero estas situaciones hacen ver lo que hay. Sigo pensando que la gente es buena, aunque a quién está envenenado veneno le sale.

En el disco abre muchas botellas de vino. ¿Qué ocasión es buena para eso? Levantarme por la mañana ya es un motivo para brindar. No voy a decir ‘bebamos todos’, pero mi abuela, por ejemplo, que ya está muy malita, se toma una copita de tinto todos los días. Y ajo restregado en las tostadas y aceite de oliva y frutos secos. Pues eso mismo hago yo, porque si ha llegado los 92 será por algo. Para mí se ha convertido en un ritual abrir una botella con amigas.

¿Qué cultiva en su huerto? Siempre he tenido huerto donde vivo ahora, pero este año mi chico se ha aficionado y en el confinamiento hemos tenido hasta girasoles. Lo que se me da muy bien son los tomates; hemos tenido acelgas, pepinos, berenjenas… Tengo de.

Se define como intensa. ¿Algo superficial que haga? Me gusta escuchar música que no sea nada profunda, que me haga bailar. Aunque eso no es superficial, ¿no? Porque bailar es necesario… No sé, nunca me había gustado cuidarme las uñas y ahora lo hago. Y me hago la raya del ojo, es como mi traje.