¿Es lo de Rocío Carrasco realmente una «serie documental»?

La Cúpula de la productora La Fábrica de la Tele parece obsesionada con esta nomenclatura

(Fuente: Mediaset)

El testimonio de Rocío Carrasco ha agitado el panorama televisivo y ha logrado resonar más allá del público cautivo de Mediaset por poner sobre la mesa temas tan relevantes como la violencia de género y el papel de la prensa del corazón a la hora de construir el relato y aclarar cuestiones sobre las que pesaba la sombra de la duda desde hace dos décadas. Que Rocío, contar la verdad para seguir viva está siendo un fenómeno es innegable, pero lo que hoy nos trae a esta columna es el aspecto formal: ¿es, como se empeñan en recalcar desde su productora, una «serie documental»?

Hace unos años, las palabras «programa» o «entrevista» habrían sido las utilizadas para definir a este evento televisivo. En términos de géneros televisivos, más concretamente, sería un talk show, término que hace referencia a cualquier formato en el que el ingrediente principal es la palabra hablada. Programas de entrevistas como el de Bertín, late shows como el de Buenafuente o de testimonios como El diario de Patricia se englobaban en este amplio epígrafe. Tiempo después, la palabra reality impregnó prácticamente todo: si la base era la «realidad» (las comillas las pongo porque ya sabemos que esa realidad puede tener muy poco de real), era un algo-reality, término del que se acabaría huyendo por asociación indeseada con formatos de mala reputación como Gran Hermano (¿quién iba a querer promocionar un reality pudiendo promocionar un talent o, como llamaron a aquella cosa de Tamara Falcó, un personality show?). Los propios jefes de La Fábrica de la Tele (perdón, «La Cúpula») regañan a los colaboradores de Sálvame si se refieren a lo de Rocío como «docu-reality».

Sin embargo, en los últimos años, y sobre todo debido a las incursiones en el género por parte de las plataformas, el término de moda es «serie documental» o «docuserie». Porque el documental, más allá del chiste recurrente de quedarse dormido viendo antílopes en La 2, siempre ha tenido un aura de prestigio. Todos sabemos qué es un documental y, a la vez, siempre ha resultado complicado establecer la línea que lo separa de, por ejemplo, un reportaje televisivo. ¿Por qué Equipo de investigación, Callejeros o Informe Semanal no son considerados «documentales»? Un primer asunto que se puede señalar son los valores de producción, así como el tiempo invertido, pero no es lo único a tener en cuenta.

Para hablar de documental (y, por tanto, aplicarlo a la televisión y su «serie documental», que sería lo mismo pero por entregas) debemos de hablar de autoría y punto de vista. En el documental cinematográfico, tradicionalmente, importa la figura del creador, su mirada y la tesis que propone explorar; lejos de lo que muchos creen, el documental no pretende ser una incuestionable verdad, ni un ejercicio de imparcialidad, en tanto en cuanto que no es un producto meramente periodístico, sino que construye un relato cuyas piezas se forman con elementos de la realidad. La narrativa es clave.

Sin ánimo de repartir carnés (creo que van descubriendo que la pregunta del título no tiene una respuesta firme, sino que es una invitación a la reflexión), sí considero que hay que ser rigurosos a la hora de colocar esta etiqueta de «serie documental» a cualquier cosa a la que pretendemos subir de categoría. Rocío, contar la verdad para seguir viva es, esencialmente, una entrevista muy potente, apoyada con ciertos recursos (imágenes de archivo, documentación) y un plató con cierta propuesta estética (imposible no recordar La caja, programa de la misma cadena). También era una entrevista con pocas florituras Eso que tú me das, el homenaje de Jordi Évole a Pau Donés al que también se le colocó lo de «documental».

La cuestión inicial, por tanto, la dejo en manos del lector. Será suya la tarea de desentrañar si Rocío, contar la verdad para seguir viva (o lo de Évole) es un producto audiovisual con una riqueza narrativa y autoral como para ponerle la medallita de documental que tanto anhelan sus responsables o si estamos ante una mera cuestión de moda o vanidad. Lo que sí tengo claro es otro asunto: lo de Rocío Carrasco merece ser visto.