Pablo Alborán: “Me paso la vida mirando hacia arriba, al cielo y las estrellas”

Pablo Alborán publica Vértigo (Warner Music), su quinto trabajo de estudio, un disco hecho en plena pandemia y sin pretensiones. Con la felicidad instalada en el cuerpo, reconoce que se trabaja “muchísimo” la suerte.

¿Cuánto ha arriesgado en este álbum? Lo que más me ha preocupado es el no ser esclavo de lo que la gente esperaba de él y de lo que yo espero cuando saco un disco. Lo he compuesto en mitad de la pandemia sin expectativa alguna, no pensado como disco, es realmente lo que he querido hacer: hay tomas que han salido de una sola vez, cosas experimentales, una bachata, alguna ida de pinza… Y ahí está el riesgo, en el momento en que dices ‘aun así, vamos palante, es tuyo, es lo más puro que has hecho ahora, es fiel a tu presente’. 

Hace tres meses mostró algunos temas a un grupo reducido de medios, incluido 20minutos. Entonces me dijo: “Yo estoy lanzado”. ¿Para qué? De momento, hemos estado en la Torre Picasso [haciendo una actuación en streaming]; yo no esperaba que pudiéramos hacerlo, porque la cosa no estaba fácil. Y en cuanto se puedan dar conciertos, me apetece hacer de todo. Creo que es el momento de no dejarse nada en el tintero y cumplir cualquier asignatura pendiente. Y encima del escenario, más. Y si no hay escenario, ya encontraré la manera de hacer algo.

¿Qué sensaciones tuvo a más de 150 metros de altura? Echo de menos no haber parado diez minutos para mirar un poco más allá. Estaba muy pendiente de transmitir y le decía los cámaras ‘acércate, da igual el entorno, yo necesito que la gente me vea cantar’. Y ellos decían: “¡Pero si está el helicóptero!”. Estaba pendiente de las afinaciones de los músicos, del frío… Pero la sensación ha sido enorme. Siento un agradecimiento brutal por tener un lugar que me recuerde por qué estoy aquí, no por las alturas, sino por poder hacer un directo otra vez.

Parece tener una felicidad instalada, ¿es así? Es así, es así. Me hace mucha gracia que lo digas, porque a veces me dicen ‘¡estás muy contento todo el día!’. Y yo: “Pero déjame…”. Soy muy consciente del momento que estamos viviendo y soy lo más feliz que se puede ser teniendo en cuenta lo que pasa, que hay una pandemia. Pero es verdad que tengo la responsabilidad, conmigo mismo y cuando hablo en público, de que lo que tengo que transmitir tiene que ser bueno. Es algo instalado: mis mierdas para mí, porque la gente está ahora mismo llena de problemas, estamos todos hasta el cuello. Yo quiero ver la tele o quiero escuchar música para olvidarme de mis problemas

Un poco complicado ahora. Sí, por eso veo la tele cada vez menos… Creo que hemos infravalorado mucho que se conecta también a través de las historias bonitas. Aparte, yo soy un afortunado, no me puedo olvidar. 

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Esta vez se ha involucrado en la producción. ¿Cómo ha sido el proceso? Ensayo-error, pero para mí. Yo tenía claro que, como no sabía si el disco iba a salir ahora u otro año, me quería divertir, que fuera una terapia. Estaba como hemos estado todos en el confinamiento, pero tenía la suerte de poder hacer deporte en un jardín y de encerrarme en un estudio a liarla parda y que me diera igual. Me metía a las tres de la mañana en la cama, no tenía que levantarme temprano, ponía las noticias y me invadía esa ansiedad que a todos nos ha invadido y me iba al estudio y se me quitaba. Si me mandaban una cosa y no me convencía, metía mano con mis cacharros y lo enviaba de vuelta. A partir de ahí empezamos a trabajar con streamings y a medida que avanzábamos todo crecía. Era muy divertido, como si fuéramos tres chavales en sus garajes; de hecho, yo grabé en el de mi abuelo. Ha sido un proceso muy espontáneo. La compañía no escuchó el disco hasta que yo no lo terminé, es la primera vez que me pasa.

En Vértigo hay precipicios, caídas al vacío… ¿miramos demasiado hacia abajo? Yo me paso el día mirando hacia arriba, me paso la vida mirando las estrellas. Suena cursi, relamido, lo que tú quieras, pero me paso el día mirando al cielo. Todos los días, diez minutos antes de irme a la cama, lo hago. Desde pequeño. Tenemos esa magia y a veces no la vemos.

¿Tiene el amor tantas cosas nuevas que descubrir como para seguir escribiendo sobre él? ¿Es infinito? Sí. Sobre todo, porque llega una pandemia y lo revalorizas. Te das cuenta de que a lo mejor un apretón de manos antes de dormir es el gesto de amor más grande que hay. O de pronto te has cuenta de que no tienes ni un solo gesto de amor en tu vida real y te tienes que deshacer de lo que tienes al lado. Cobra otro sentido. Lo que pasa es que hablar de desamor y de los cuernos del vecino es más morboso y da más tema de conversación.

Pablo Alborán, actúa en la pasada gala de los premios Goya.

Pablol Alborán

  • Málaga, 1989. Cantante y compositor.

Estudió canto lírico, de ópera y técnica vocal. Se dio a conocer en Youtube y publicó su primer disco en 2011 con EMI. Ya tiene cinco álbumes de estudio. Ha estado nominado más de diez veces a los Grammy Latinos, pero aún no tiene ninguno. Tiene dos hermanos.

¿Alguna vez ha pensado ‘qué intensito estaba yo en esta canción’? Sí, claro. Y todos los días me hago un pequeño análisis, pero ya me da igual. Antes me repensaba demasiado, pero como no puedo controlar lo que otra persona piense de mí, a quien le valga bien y si no…

¿Le importa la primera impresión que causa en los demás? Es que las primeras veces han desaparecido de mi vida, por desgracia; me las ha quitado la fama. Los demás se pierden el tener delante a una persona que no han prejuzgado sin querer. Lo echo un poco de menos, porque me da la oportunidad y no requiere de un sobreesfuerzo. Ha veces tengo que hacer un pequeño esfuerzo para que se desliguen del artista, de la idea que se han hecho de mí.

En sus canciones cita mucho a la suerte. ¿Cree en ella? Depende de cómo la concibamos, pero me la trabajo muchísimo.

Comenzó en Youtube. ¿Dónde encuentra usted artistas nuevos? En Spotify. Y sin querer, en Youtube, pero me resulta un poco más complicado. En Spotify sí te llegan inputs, aunque quizá demasiados: es la rapidez con la cual yo a veces me asusto y me preocupa de la música. Incluso de las series, en sitios como Netflix. El otro día leí un artículo que decía que estaban pensando en quitar las intros, porque la peña no las ve; pues si las quitas… menos todavía, y las hay que son obras de arte, como las de American Horror Story o Mad Men. En la música busco, yo soy de los que pregunta y, si suena algo, pongo el Shazam.

¿Qué música le motivaba de adolescente? Tenía mucha curiosidad por la música que no escuchaba nadie. Me gustaba mucho el flamenco y con 12 o 13 años el puro no calaba en la gente de mi edad, era muy crudo. Y la música étnica. Hay una cosa que se llama maqam, que es un tipo de melodía que se hace en la música árabe en la que se juega con los cuartos de tono, que vocalmente me volvía loco. Los giros, los melismas… Para que te hagas una idea, es como si tuvieras un piano y tocaras las notas que están entre las notas y que no existen. Todo eso me motivaba para cantar, yo era rebuscado, por eso me gustaban el flamenco y el jazz. Pero luego he escuchado de todo, como todo el mundo.

¿Y ahora? Me atrae mucho también la música experimental. Y con las plataformas me llegan cosas que a lo mejor no son top -a mí eso siempre me ha dado igual-, pero son mezclas de idiomas que jamás pensabas que iban a encajar y de pronto, lo hacen. Y ya no solo el español y el inglés… hace un rato estaba escuchando música argelina y francesa. Hay que pelear un poquito por que el idioma no sea una barrera.

Pablo Alborán presenta su disco 'Vértigo'.
Pablo Alborán presenta su disco ‘Vértigo’.
JORGE PARÍS

¿Nos acostumbraremos a vernos a través de pantallas? Yo suspendo el juicio, intento no pensar ya. Antes he hecho una especie de rueda de prensa con mogollón de medios y estaba todo el mundo muy contento. Y yo también, no notaba la distancia. La gente estaba en las cocinas, había una chica que estaba en el baño porque decía que se escuchaba mejor, otro que tenía el perro y el niño correteando… En cierto modo nos recuerda otra vez que somos de carne y hueso. Obviamente, el cara a cara mola y mi música funciona mejor en directo que en los discos: está viva y necesita de un lugar.

Hace unos meses contó al mundo que es homosexual. ¿Lo hizo por usted o por los demás? Lo hice porque me apetecía. No me planteé nada más allá de eso. Te juro que fue sin más.

Cuando algo le sale bien, ¿en quién piensa? Uf, no me puedes emocionar ahora… Pienso en mi abuelo. Yo era muy chico cuando murió, tenía 12 años, y esto no lo he contado nunca, pero en general para mis hermanos y para mí ha sido una figura de padre muy importante. Siempre tengo la curiosidad de saber qué opinaría él de todo, porque era un tío con una mente superabierta, de ciencias… era la leche. Parecía un dandi. Para mí era muy importante su respuesta, igual que lo es la de mi familia, pero antes de subirme a un escenario miro arriba -y no soy religioso-, así que igual lo de mirar al cielo… es que espero alguna señal. Cuando me pasa algo bueno siempre digo ‘ojalá que lo haya vivido’.

En disco ya está en la calle. Y ahora, ¿qué? Primero, la Navidad, que mis padres no pueden estar solos. A ver cómo hacemos para cumplir la ley y que de manera responsable estemos todos juntos. Y después, a idear. Hay ganas de cosas nuevas. Tenemos muchas ideas, pero estamos atados a lo que nos diga el Gobierno…